Nunca grites. Nunca llores. Nunca hables. No pienses diferente. Guarda todo en una caja, al vacío. Nunca niegues a Dios; guarda silencio, aunque las palabras duelan más que los golpes. Habla solo cuando te digan. Cuando te obliguen. ¿Podrías sentarte en silencio y aprender que tu silencio define tu lugar en el mundo? En la sociedad. Y, sobre todo, en la familia. Porque por ser la mayor, durante años la única mujer, no te toman en serio. Aunque una y otra vez hayas demostrado que eres mucho más capaz que los varones de tu casa. Vuelve a la casa. A la caja donde descansan los sueños rotos. Y empieza a cumplir los sueños de otros: las visiones de tus padres, de tus abuelos, de tus bisabuelos. ¿Podrías olvidarte de ti? Sé el bastón emocional de todos con tu profesión. Lo que realmente quieras ya no importa. Debes cumplir el mandato familiar. Es la situación donde el abuso no se ve, donde se calla lo evidente, donde todo permanece latente, porque las palabras se mezclan con la ineptitud y l...
Las letras, la poesía y la vida misma.