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martes, 31 de diciembre de 2024

prologo, Las manias

En estas últimas palabras reafirmo lo fuerte y lo libre que soy. 

Si llegaste hasta el capítulo doce, es porque realmente te gusta el chisme o solo necesitabas encontrar un motivo para seguir. No sé mi mamá dice que a veces con solamente conocer puedes hacer cosas por los otros.

Te digo que no es fácil tomar decisiones en las cuales tienes una presión, una presión que estimula a decir la verdad.  Si terminaste las manías conmigo a la medida que estuve escribiendo el texto y colocándolo en mi blog, te lo agradezco infinitamente por seguir aquí si me conocías ya de otras novelas y por la poesía también. 

Sí lo hacías cuando veía mis ojos en cada foto y cada video que subo. Constantemente te lo agradezco, pero más allá de un agradecimiento, es una venía a conocerse a uno mismo.

 Esto también más que una carta que un final. Les cuento algo: cuando estaba escribiendo esta cosa llamada biografía, me tomó muchos años interactuar con el personaje que estaba escrito en los borradores que tenía. Fue introducirse a los miedos y a la verdad de que las palabras nos llevan.  

 Aunque fuese la misma persona, es difícil mirarse y analizar las heridas, las cortadas, lo salado y los “no” nos han dado aquella, es la constante de una vida batallada y aún sigue batallando, comprendiendo igual que no es culpa mía ni de la sociedad, al fin y al cabo…  Yo estoy aquí ya respirando y respiro porque tengo que respirar y entendiendo también que quizás mi síndrome premenstrual está hablando por mí, por cosas de la vida es así.

Escribiré este prólogo de una forma que no dé más delirios y más fuertes pisones en la conciencia colectiva; es lo que me hace ser escritora. Soy una escritora que ha llevado su vida a un extremo que no se cansa y no se cansa.

No porque no pueda descansar, sino que ya no sabe cómo descansar. Son las 10:47 de la noche del 30 de diciembre de 2024. Esta carta la escribo escuchando música internamente, recordando con amor y con decisión a la gente que está, a la gente que todavía me espera afuera y a la gente que por una u otra razón no quiso quedarse.

Y si en algún momento lees esto, amor mío, te diré gracias porque fuiste tú, como siempre, impulsando que yo fuera la rebelde de la inmaculada concepción de la rebeldía pura, porque mi razón de ser es esta: ser indomable, porque ya estoy viendo la vida como una obra loca que, por otra cosa, aunque me veas pasar por la calle, sé que me ves como yo lo hago.

Mientras que escribía esto pensé y reflexioné que quizás el amor no era para mí como tal. ¿Pero qué es el amor? Es la constancia de seguir sin evitar nada, es la seguridad y la decisión que se muestra en cada uno de nosotros.

En el de ser una mujer normal, aunque realmente normal no tenga absolutamente nada; de hecho, esa es mi pelea constante conmigo misma: tratar de volverme lo más normal posible y no caer en cuenta de que, aunque quisiera, nunca sería así.

No quiero decir que buscar la normalidad del ser sea en vano.

Al contrario, creo que cada una de nosotras va encontrándose en cada instante, cada segundo ese algo que se nos vuelve parte de nosotras.

Por ende, el amor como tal es lo que nos mueve. Como lo leíamos en los capítulos anteriores, antes del prólogo y la sinopsis, puedo decir que el amor, la libertad y la pasión son el centro de mi vida; sin ninguna de estas tres no sería la escritora que ustedes conocen, no sería lo que soy, cerca de mí, vivir apasionada de la vida, vivir cada instante del amor más profundo. Y aunque a veces duela, a veces uno quiera desistir de la misma existencia, es lo que somos, es lo que estamos hechos en este mundo loco. 

 Por eso cada vez que muchas personas me preguntan, “¿qué estoy haciendo?”, respondo: Estoy conquistando el mundo y ni siquiera lo esté conquistando; solamente hago referencia contestando lo mismo analizando y proyectando cosas que realmente son las que son para mí, porque mi realidad.

Conquistarse a sí misma.

Es ser totalmente distinta a las personas que caminan o a las personas que no ven o a las personas que no hablan o a las personas que se mueven de otra forma. Todas son realidades válidas, pero la mía es mi validación; es lo más importante y para eso he trabajado muchos años para darme mi validación propia y aceptarme, en un mundo en el que siempre nos dicen que tienes que seguir aquel, que tienes que ser como este…

Y por eso digo: no me pongan como referente porque mi vida es totalmente distinta a las vidas de los demás.

Les digo que quiero convertir esto en un libro, entonces posiblemente lo haga y tú vas a decir:pero esta mujer está muy loca… . Y de eso se trata la misma vida y la locura en fucsia, la locura en las ruedas en la psicología, porque como lo podemos juntar también en psicología me piden eso y eso es lo más bonito de todo: ser capaz de volar e interactuar con uno mismo y esperar que de alguna otra forma esta nota llegue a lo más profundo de las otras notas de las vidas propias.

¡Gracias por leer!

martes, 7 de mayo de 2024

En tu piel... -Poesia

En tu piel…

Que quede, en la constancia del papel, que jamás en la vida tuve intención de abrirme de nuevo a alguien, de dar un poco de mi luz al sueño primaveral de tu piel, de desear constantemente tu risa, tu sabor, tus muchos accidentes, él desgane con el que te levantas y haces mis días bonitos. No tengo más que decir, además de obviar la frecuente búsqueda de encontrarnos, en los libros, en las canciones y en la mirada de quienes nos miran sin mirar, quienes nos escuchan sin olvidar. No intento sonar como el soñador sin metas, sabedor de la perdida de su alma, pero acaso esto no es amor ¿Perder un poco el miedo y dejarse llevar en el de barco de papel? Deconstruirse en la intimidad y dejar las inseguridades en el fondo de la basura. 

Dejándote arañar la espalda improvisada, en donde tus alas, las cuales ya no están como desgracia verdadera. 

No puedo decir que tienes la dicha o fortuna de acabar hundida en la meticulosa piel blanca, similar a la vaselina encontrada por mi hermano, más chico: un perro gigante. Pero te puedo asegurar que el vino, sabe mejor de tu boca, adelantada para esta vieja, que no hace más que acomodarse en sí misma y no aparentar locura. 

No tengo razones para mentir, ni un poco, si a veces no me crees es porque la razón de no serlo es falsa y prefiero ser esa tan extravagante como sea posible, entiendes que es mi forma de hacer las cosas, tan trasparente como el agua y tan suave como una pluma. 

Y te toco, sin tocar 

y te beso con la necesidad, 

de encontrarnos en la mañana de aquel domingo, en que te acomodaste en mi pecho y lamiendo y perforando un poco la racionalidad, que a veces no poseo en la luna menguante, en lo que pone la piel de gallina. 

Si me preguntan, ¿por qué creo que la poesía, es tan importante como las matemáticas? Solo responderé, que las matemáticas, sirven para contar y la poesía es para escribirla en tu piel.

Besos con mucha tinta…

lunes, 15 de abril de 2024

Novela: Interludio: El comienzo de Todo.

  El comienzo de Todo. 


Un hombre entrado en edad, calvo y con gafas demasiado gruesas, iba caminando por el sexto piso con una carta en la mano. Se dirigía temblando a una oficina en el campus de una de las universidades más prestigiosas del país, “La Universidad del Ruiz”; aquella carta, era una carta de despido.

 

Deseaba pelear y preguntar que había hecho mal. Se había dedicado a la Universidad los últimos diez años de su vida, en la materia que el Decano, le encomendó: “Letras Poéticas”, le parecía injusto.

 

Ese nuevo año universitario le estaba trayendo todos los dolores de cabeza que hace tiempo no enfrentaba.

 

Perder otra vez el amor de su vida y su trabajo, la misma semana, eran señales que el karma y la verdad se unían para matar a los mortales, aunque rezaba que no fuera lo que lo pensaba, pues se odiaría más de lo que ya lo hacía.

Entendía bastante bien el error, que había cometido, en amarla como mujer y todavía pensar en un amor lejano, tan lejano que parecía un fantasma desganado y sin saberlo cada paso le mostrarían a su pasado inoportuno.

 

Se encontraba a punto de abrir la puerta cuando respiró profundo, no quería insultar a alguien que no conocía, pues lo poco que sabía era que la persona que le dio el puesto allí, le tenía cierta estima y respeto, cosa que siempre le agradecería, pero eso no quería decir que las acciones hechas esta vez no le molestaban, al contrario, le dolían más de lo normal.

De pronto el decano conocía y moría de amor por la Luna a la que le hizo el amor durante años. Eso sería una locura, le conocía mejor que nadie y comprendía que ella era suya.

 

Ya que después de haber destituido al rector de aquella universidad, nunca había conocido al decano, ni al nuevo rector.

—Va a hablar con propiedad y respeto —se dijo con seguridad en el momento que tocó el picaporte de la puerta de color negro, cerca de la cafetería—: buenos días, mucho gusto, Alexandro Montero —Al ser pasado a la oficina, el hombre solo se encuentra con una gran silla giratoria dando la espalda, y a pesar de saludar con una voz calmada y amable, le disgustó bastante la poca interesa que la persona sentada en la silla le brindaba, observando el humo que sale detrás de aquella silla. «¿Era un fumador?, ¿cómo era?», se pregunta—. Buenas… —volvió a saludar con una voz un poco más tangible y fuerte.

 

En un lapso instantáneo, ve a una mujer de ojos verdes, piel blanca y cuerpo curvilíneo, con un lunar en un pómulo y el labial rojo vibrante, sin contar un vestido negro y en su mano derecha una pequeña cicatriz imperceptible para todos, la mujer estaba tensa y se miraba como la muerte que te hace pensar de tu existencia.

 

El profesor Montero se da cuenta, quién es la mujer.

 

Ella su primer gran amor, la mujer que lo volvió un poeta reconocido. ¿Acaso fue ella quien lo puso a trabajar allí? Por eso está pálido y sus nervios lo hacen decir cosas sin sentido; el corazón late ante su eterna dueña, pero antes que él pronunciara palabra alguna, la mujer sentada en la silla respondió, observando las fachas de este con cierto rencor. 

Montero, estaba devastado y eso, se notaba.  

—Mucho gusto, María Alana Marco Casanova —. Ella vibraba fuego, siendo la mujer que un día le dijo toda la verdad. Mirándolo como si solamente la presencia de este le perturbara—, Decana de Ciencias Sociales y Literatura. Y el que está a mi lado es Daniel Ricardo Salerno Arjona, el Rector de esta institución. Siéntese—le ordena, dejando el cigarrillo a un lado; el hombre de inmediato le hace caso. 

—María Alana, perdóneme —está rogando por su vida en ese momento, pues él sabe por qué la mujer está ahí, sentada.

—No puedo —sacó un cigarrillo nuevo. El cual fue encendido inmediatamente—. Gracias, ángel, —el acusado se preocupó aún más—. ¿Por qué lo hizo?, ¿es mi tesoro más grande? —La vio llorar como hace 30 años. Aquello le parte el alma, verla destrozada por culpa suya otra vez—. Montero es mi descendencia y cuando usted se metió con mi progenie tenía diecisiete años.

—Déjeme contarle como putas pasaron las cosas… —habló de una manera seria y seca antes de preguntar por su desvelo—. Pero antes de continuar, ¿necesito saber en dónde está Luna?

El hombre de ojos azules y bigote se acercó a él, con el puño cerrado y la mandíbula apretada, a lo que mujer respondió. 

—Derek se la llevó al aeropuerto, se irá lejos… a París, donde su hermano. Además, usted no tiene ningún derecho a preguntar por ella—. La mujer respondió de una manera iracunda. 

—Ahí, sí está equivocada. Yo la amo —En ese instante, el hombre al lado de la escritora lo hizo sentar de un simple golpe con su bastón—, y usted siempre defendiendo a la… —iba a decir una barbaridad cuando vio su puño.

—Hable —exige de nuevo el ojiazul—, ¿o quiere que le parta la cara? De una buena puta vez.

«¿Cómo contar que ella y su hija fueron la devastación de mi vida?»



Cinco años después de conocerte…

 


Novela: Interludio. Sinopsis Y Dedicatoria

 

Buenos días, buenas tardes y noches. 

Lo siguiente que leeremos es una novela que se encuentra en Wattpad. Con el cambio de las reglas y que no la he terminado. La comenzaremos por aquí y la terminaremos en este blog

Hagan sus comentarios y preguntas.


Información:

 Esta historia es parte de la “Saga de las mujeres Abadía”, todavía se encuentra en edición, por ende, cualquier error   que vean pueden hacérmelo saber.  

Esta historia se lee en dos: el poeta y la poetisa. Cada capítulo se divide en dos y trataré de ser lo más concisa posible. Aunque no aseguro nada. 

Se habla de temas sensibles como en la mayoría de mis historias, ver etiquetas.

¡POR FAVOR!



Dedicatoria:

Dedicado a los amores poéticos que cruzan mares y a usted amigo mío que se ha convertido en el mayor de mis escuderos por este camino. Eternamente agradecida a la literatura y a las mañanas sin hacer nada. También a Iris, la editora de esta historia, gracias por tu apoyo mi otra mitad.




Sinopsis:



La mañana que Montero se liberó del Karma oscuro de unos ojos verdes, fue por causa de una niña, quien lo miró e interrumpió el castigo eterno de su ser para convertirse en el veneno que le traería luz y “el fango pegado en las alas”.

 Montero nunca creyó ser parte de una eterna disputa entre lo bien visto y lo que deseaba desde su ser. Aina Luna, tenía la fama de ser hija del arte, de aquel que toca corazones, disminuye dolores; de ese sabor agridulce que le traería tantos problemas como trastornos mentales.

 Aina, era la hija menor del amor eterno de Montero, era la niña y la complacencia de ser el milagro de la ciencia en su madre, de ser la mujer que Alexandro Montero esperó durante 30 años, aunque fuese mentira, una ilusión mal contada.

En esta historia encontrarás pasión, secretos y mucho arte, además de un amor prohibido, pero al mismo tiempo místico, un amor poético. Interludio es, en su esencia más pura, una novela poética.


viernes, 12 de abril de 2024

EXTRA: VESTIDO DE LENTEJUELAS

        Extra Vestido de lentejuelas: del abuso a la gloria

ADVERTENCIA:

   Este extra contiene, situaciones de abuso y del trauma causado por el mismo. Proceda a leer bajo su responsabilidad. 



 

Romper, cavar y llorar, el infierno en la propia vida.

Las manchas de sudor, sangre, las marcas y el cansancio, estaban llegando a los huesos. En esos momentos las lágrimas ya no eran saladas, ni dulces. 

Tenían un olor amargo y sabor de ese tipo. 

La verdad, la consecuencia, no tenía verse, hasta terminar. El cuerpo ya no estaba, ni el alma tampoco.

El catre usado para dañar a diferentes mujeres sonaba por todo ese piso de abajo. 

Las chicas que trabajaban en el burdel, no solamente escuchaban los gritos de dolor y de placer de aquella víctima. Si no que también en sus memorias, se encontraban el sentir de la piel en su corazón y la misericordia de un dios que no tenía cabida en ese lugar. 

 La joven que estaba allí, se encontraba abierta, sujetada de piernas y brazos, para que no dañara esa pose, boca arriba. Gaspar disfrutaba de una manera malévola la frustración que había en esos ojos oscuros, el odio que expresaban y la debilidad que ya tenía el cuerpo. 

Sé sabia que aquella niña, no era tan fuerte físicamente, que con algo de alimento podría resistir, ¿pero a él eso no lo importaba?

Pues no.

 La verdad es que él estaba haciendo esto por el simple hecho de vengarse de esa vieja hipócrita, la abuela Amatista. 

 Rubí, estaba a punto de terminar la semana de entrenamiento y de tortura. Se autodescubrió a ella misma, rota, incapaz y sencillamente no era más que una simple realidad de no ser lo que se esperaba, era tan joven… Pero tan triste. Y ¿a quién, se le puede adjudicar el mal? En algún momento, la adolescente se desconectó de esa realidad, mientras que Gaspar, estaba jugando con su intimidad. 

Lo sentía como sus ojos y su cuerpo marcado quemaba, dolía y además parecía que dudaría una eternidad. 

La vagina, estaba tan abierta y tan hinchada que sabía que no podría sentarse en meses. Aunque muy en el fondo, presentía que su tortura no acabaría, pues ¿quién en su sano juicio la salvaría? Pero en un algún momento de la escena, Rubiela se encontraba muerta, era una muerta en la cama, mientras el corazón se detenía como la vida se le había ido.


***


Rubí despertó gritando, su cara tenía tristeza, aunque no estuviese en medio del miedo ahora. 

Siempre se encontraba con aquellos sucesos convertidos en pesadillas, esos momentos que ya no existían ni ya vivía. Ahora estaba lejos hasta de sus hermanos, y sus primas, que, aunque mucho o poco, conocían su verdad. Se encontraba en una isla muy lejos de sus montañas y de sus raíces. 

El mar arrullaba el sueño, y ahora ya no tenía la carga de sus hermanos. En ese momento, el hombre que estaba enamorado de ella… él fue quien acabó con su verdugo. 

Josmer Santana, era su Salvador, aunque ella la verdad no podría creerlo, después de tantos meses de locura, de una buena locura. 

—¡Rubí! —Josmer, le llamo, para que se tranquilizara.

—No, no quiero —la mujer grito.

Estaba herida, de una forma espiritual: —Rubi, ya paso —El hombre la cargo sentado en la cama. —amor despierta.  

 La mujer despertó con dolor, y entre lágrimas, habló: —Josmer, lo siento.  

—¿Por qué? —, preguntó el hombre sentado encima de la cama. 

—Tú estabas feliz, tranquilo, antes de mí —hablaba ella, entendiendo esa sensación de dolor y angustia que dejaba claro, de dónde venía.

—¿Te arrepientes de estar conmigo?  

—No, podría. —la chica sonrió de una manera triste —. Siento de alguna forma que he causado más problemas que soluciones—, no quería alejarse. 

  — Rubiela, si tu psicóloga, te escuchara hablarte así. ¿Qué te diría?

 —Me tiraría de la oreja. Y diría “tu pasado no define tu futuro”— ella clavó el rostro en el cuello desnudo del médico. Estaba cansada, pero comprendía que necesitaba hablarlo—, tuve un sueño demasiado fuerte. 

 —Y ¿Fue con mi padre? —La mujer, de cabello largo y ondulado, movió la cabeza en afirmación. 

Josmer solamente sonrió, entendía que las culpas, si no se sanan, renacían de una forma fuerte. Y aunque Rubí estuviera en tratamiento, no era sencillo hacerlo todo de una vez. De un proceso de altos y bajos.  —Amor, mi bella joya. Ya nadie te puede tocar si no quieres. Ni siquiera yo. Así que puedes hacer lo que quieras.   

—Lo sé. ¿Entonces puedo hacer lo que quiera?— porque andaban despiertos y estaba próximo el amanecer, y ese día Josmer se encontraba en casa, —. ¿Puedo?—la mujer se movió hasta quedar encima de él. 

Ambos acostumbraban a dormir desnudos—, señorita, eso no se pregunta —. El médico la abrazó besando su cuello, moviendo la melena en su lado derecho. 

El largo cuello de la mayor de las mujeres, Abadía, era hermoso, era de un color hermoso—, lamento no poder estar contigo como quiero. 

 —¡Bésame, por favor!— Los besos de J, no eran duros, no eran sádicos, ni llenos de necesidad. El toque de alguna forma le da la libertad de querer vivir. 

Comprendía perfectamente qué es esa dependencia con Josmer. No era nada buena, pero en este momento en el que calor en las entrañas, le decían que era lo más correcto.

GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG

 Hola, esta entrada fue escrita como una manera de EXTRA, y es posible que se quede aquí y no salga de la web.

Como siempre, todos los derechos reservados a la Autora. 



Cuento: Frenesí