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domingo, 25 de enero de 2026

El requerimiento para ser hijos perfectos...

Nunca grites.
Nunca llores.
Nunca hables.
No pienses diferente.
Guarda todo en una caja, al vacío.
Nunca niegues a Dios;
guarda silencio,
aunque las palabras duelan más que los golpes.
Habla solo cuando te digan.
Cuando te obliguen.
¿Podrías sentarte en silencio
y aprender que tu silencio
define tu lugar en el mundo?
En la sociedad.
Y, sobre todo, en la familia.
Porque por ser la mayor,
durante años la única mujer,
no te toman en serio.
Aunque una y otra vez
hayas demostrado
que eres mucho más capaz
que los varones de tu casa.
Vuelve a la casa.
A la caja donde descansan
los sueños rotos.
Y empieza a cumplir
los sueños de otros:
las visiones de tus padres,
de tus abuelos,
de tus bisabuelos.
¿Podrías olvidarte de ti?
Sé el bastón emocional de todos
con tu profesión.
Lo que realmente quieras
ya no importa.
Debes cumplir el mandato familiar.
Es la situación donde el abuso no se ve,
donde se calla lo evidente,
donde todo permanece latente,
porque las palabras se mezclan
con la ineptitud
y la inutilidad
que aprendiste a sentir.
Pero no importa.
Mientras sigas cumpliendo el legado,
perteneces al clan.
Un clan donde, generación tras generación,
se repite la misma historia.
Nadie la ve.
Y cuando alguien intenta ver,
aparece una excusa.
El silencio se protege a sí mismo.
Se hace la vista gorda.
No existe un número al cual llamar.
No hay una puerta a la cual ir.
Porque tú eres la oveja negra.
La cabra loca.
La condena.
El silencio de tus mayores.
La única que intenta hacerlo diferente.
El requerimiento principal
para ser el hijo perfecto
es ser
ciego,
mudo
y atado del cuello.

martes, 4 de febrero de 2025

Poesía, y otras maneras de hacer el amor

 Quédate, ámame

Ámame, en los momentos malos, en las tristezas

en los malditos momentos de agonía.

Ámame cuando las ganas de vivir se van,

cuando las cosas no vayan bien,

cuando las luces, flores y colores se pierdan.

Quédate en silencio, aprieta mi cintura y no permitas que me vaya,

soy un ángel con un ala, un fénix con cadenas en las patas.

Quédate en mis besos en la cama

en la calma

que da calor en las noches de lluvia.



Después de todo esto no es una novela

Y me la pasé pensando en ti,

en lo que pudo ser y no fue. En mi pasado recogido de nuestros ojos,

corazón inútil por el golpe que me diste,

quizá volver a ti es lo último que puedo hacer.

Pero cada vez que recuerdo, también recuerdo eso, esa sonrisa, esas manos, esa voz.

Seré muy tonta si lo recuerdo todo,

sí tengo buena memoria,

si cada vez que trato de dar el hecho de que te olvidó, te recuerdo.

Te recuerdo como el más grande amor.

Y los recuerdos pasan y dejan cicatrices y aprende a vivir, el descanso aparece y yo me pasó diciendo un rezo personal;

puedo

soy capaz

soy valiente

y a medida que pasa el tiempo, el espacio de sillas cambia el horario de sueño igual,

el café es lo que me mantiene viva y las letras igualmente,

no soy malagradecida porque no puedo estar de mal agradecida.

Pero algunas veces ¿te podías quedar? En mi existencia, ya mi vida, pero ya no.

Uno quiere es una resolución emocionalmente efectiva,

para romperme y dañarme ¿será que soy masoquista? O ¿será que me han roto el corazón bastantes veces?, sí me encuentro en un limbo sin ti.

Entendí, entonces, que jamás seremos protagonistas de nuestra historia de amor,

de lo que una vez quisimos y lo que en algún momento nos prometimos, te dejo, porque prefiero, haberte amado, dándote vida en mis textos,

que terminar odiándote de una manera inútil.

El nido en mi cabeza

Hace un tiempo atrás,
He dejado de manifestar todo lo que quería contigo…

Me di cuenta tarde que era yo la que te acomodaba en mi vida y aquello no trajo nada bueno para ninguno de los dos… Yo simplemente puse más de lo que podría hacer, pues lo que ves es lo que hay.

Lamento mucho las noches que no dormiste bien, por estar conmigo consolando mis tristezas, por ayudarme a vivir un poco. Lamento que no hayas podido hacer esos viajes, lamento haberte dado un poco de mis letras y ser tu mi único colchón, mantengo todavía el CD, el dije y la Camila fénix que hiciste… Pero entiendo que ya es hora de volver a amar, que el duelo debe de parar, aunque tenga mucho miedo e incertidumbre y mientras escribo esto me pregunto

¿Si valió la pena?, y si ¿mis lágrimas te dolieron como a mí?
Soy escritora y me pongo a pensar que si en algún momento pensaste en mi daño. En que caí en depresión y nadie sabía, hasta ahora.

Ahora, busco razones para que el corazón, no se rompa, busco y no encuentro, supuse que eras mi alma gemela, pero no, estás palabras ni llegan al consuelo que necesito, pero las dejo para quienes las necesitan, de pronto sea la última vez que escriba sobre ti, mi veneno.

Cuento: Frenesí